Comencé a caminar despacio, apenas si podía respirar. Quise girar mi cabeza, sólo para guardarme su último recuerdo, pero el orgullo me ganó de mano. Siempre igual. Algo dentro mío quería gritar cuánto lo iba a extrañar, pero hice lo posible para callar mi voz. Las despedidas son parte de los encuentros. Cerré mis ojos por un instante, y un mundo de recuerdos pasó por mi mente. Su voz, su sonrisa, nuestros besos. Siempre supe que no sería eterno. Miré al cielo y deje caer algunas gotas sobre mi cara intentando limpiar mi mente de recuerdos. Algo posible sólo por unos segundos. Y pensé en voz alta, la frase que él siempre decía: Somos magia amor, un instante de ilusión que durará para siempre. Y no pude evitar sonreír. Había dejado de sentir su presencia. Había pasado el tiempo, anochecía. Hubiera vuelto corriendo a buscar un último beso, pero ya era tarde y nuestros caminos, opuestos. Y él ya no estaba allí. Había aceptado que no éramos eternos