Incluso en los días más vacíos siempre hay algo especial, algo que te hace sentir 'bien', o al menos, viva. Y puede ser un día cualquiera, derramado de rutina, o repleto de lágrimas. Quizás, en lugar de quedarte en la cama deberías subir las escaleras y abrir esa puerta, dando paso a los rayos de luz haciendo daño a tus ojos y, cuando éstos se hayan reincorporado, mira hacia arriba, observa el cielo azul. Si, ese azul que hace latir tu corazón y posar tu mano sobre el pecho para comprobar que todavía sigues viva, que no has muerto del todo.