Si ni siquiera tú crees en ti, ¿como quieres que yo lo haga? Si ni siquiera tú sabes lo que sientes, ¿cómo quieres que yo esté segura? Si tú tienes miedo, ¿por qué yo no? No tienes ni idea de todas las veces que he pensado en dejarlo. No tienes ni la más remota idea de cuantas veces he querido que las cosas entre tú y yo se acaben. El problema es que mientras yo sigo luchando, a ti te faltan las ganas. ¡Despierta! O se te hará demasiado tarde...